#ALAHORADELPOZOL/DANIEL SOLÓRZANO/ULTIMÁTUM
Desde el primer minuto de su administración, el gobernador Eduardo Ramírez dejó claro que la seguridad sería la prioridad de su gobierno. No como un discurso de campaña ni como una promesa para los reflectores, sino como una estrategia permanente basada en coordinación, inteligencia y presencia institucional.
La Mesa de Paz se ha convertido en el espacio donde todos los días se revisan resultados, se analizan riesgos y se toman decisiones para responder con oportunidad a los desafíos que enfrenta Chiapas. La comunicación entre las corporaciones y los distintos niveles de gobierno ha sido una pieza fundamental para mantener esa ruta.
Por eso resulta llamativo que, mientras existe un trabajo diario encabezado por el mandatario estatal y ejecutado por las instituciones de seguridad, haya detractores empeñados en construir una narrativa de fracaso. Pareciera que algunos quisieran ver caer la estrategia para obtener dividendos políticos o mediáticos.
Sin embargo, la seguridad no debe medirse por el interés de quienes buscan desacreditarla, sino por la capacidad del Estado para actuar y dar resultados. La paz se construye todos los días y requiere constancia, liderazgo y voluntad.
En ese sentido, el secretario de Seguridad del Pueblo, Óscar Alberto Aparicio Avendaño, ha reiterado que la coordinación y la comunicación son factores indispensables para consolidar los avances y responder con eficacia a las necesidades de la población.
Los retos siguen ahí y nadie puede afirmar que el camino está terminado. Pero también es cierto que cuando un gobernador asume personalmente el liderazgo de la estrategia desde el minuto cero, envía un mensaje claro a las instituciones y a la sociedad: la seguridad no es opcional, es una responsabilidad que se atiende todos los días.
Porque al final, lo que quieren las familias chiapanecas no son confrontaciones políticas ni debates estériles. Lo que quieren es vivir en paz. Y esa ruta exige trabajo permanente, no improvisación.
