BALANZA LEGAL/RODOLFO L. CHANONA/ULTIMÁTUM
Perú vuelve a colocarse en el centro del debate político latinoamericano. La segunda vuelta presidencial ha dejado una de las contiendas más cerradas de la historia reciente del continente. Con el 50.091% de la votación, equivalente a 9 millones 121 mil 413 sufragios, Keiko Fujimori se coloca por delante de Roberto Sánchez, quien alcanza el 49.9%, es decir, 9 millones 89 mil 508 votos, quedando pocas actas que contar. La diferencia es de apenas 31 mil 905 votos, un margen que evidencia a un país prácticamente dividido en dos visiones de nación.
El progresivo reacomodo ideológico de América Latina y el avance de las fuerzas conservadoras y de centroderecha en la región, se vuelve a evidenciar con el resultado peruano
Hace apenas algunos años, la denominada «marea rosa» parecía consolidar un dominio político difícil de revertir. México, Colombia, Brasil, Chile, Honduras y Bolivia eran gobernados por fuerzas de izquierda o centroizquierda, mientras que en otros países la influencia de los movimientos progresistas era determinante en la agenda pública. Sin embargo, el desgaste gubernamental, la desaceleración económica, el aumento de la inseguridad y las crecientes exigencias ciudadanas han modificado las preferencias electorales.
El fenomeno que esta viviendo latinoamerica, demuestra que ningún proyecto político es inmune al desgaste. En diversos países, las administraciones de izquierda han enfrentado cuestionamientos por el lento crecimiento económico, la persistencia de la desigualdad, la incapacidad para contener la violencia y, en algunos casos, por escándalos de corrupción y confrontaciones institucionales que han erosionado su legitimidad.
El caso chileno resulta ilustrativo. El gobierno de izquierda encabezado por el presidente Gabriel Boric ha visto disminuir significativamente sus niveles de aprobación desde el inicio de su mandato. En Colombia, la administración de Gustavo Petro ha enfrentado enormes dificultades para materializar buena parte de sus reformas estructurales y ha tenido que gobernar en medio de fuertes tensiones políticas y de seguridad. En Brasil, aunque el retorno de Luiz Inácio Lula da Silva significó la recuperación de la izquierda en la principal economía regional, el país permanece profundamente polarizado.
Perú parece insertarse en esta dinámica continental. La eventual victoria de Keiko Fujimori no solamente representaría el regreso político del fujimorismo al Palacio de Gobierno, sino también la consolidación de un cambio de ánimo regional. La ciudadanía latinoamericana parece enviar un mensaje cada vez más claro, respecto a que, las identidades ideológicas, por sí mismas, ya no son suficientes para conservar el respaldo popular. Los electores exigen resultados tangibles en materia de crecimiento económico, empleo, seguridad y gobernabilidad.
La derecha latinoamericana ha comprendido, además, que el discurso tradicional del mercado sin sensibilidad social resulta insuficiente. Sus nuevas expresiones políticas buscan presentarse como alternativas de orden, estabilidad institucional y crecimiento económico con políticas sociales focalizadas. Esa narrativa ha encontrado eco en sectores de la población cansados de la polarización y de las promesas incumplidas.
No significa, desde luego, que la izquierda haya desaparecido del escenario regional. México continúa siendo gobernado por un proyecto progresista de enorme peso demográfico y político, mientras que Brasil, Colombia, Chile y otros países mantienen una importante presencia de fuerzas de izquierda en sus sistemas políticos. Sin embargo, el panorama actual revela que la hegemonía progresista que parecía consolidarse hace algunos años hoy enfrenta un evidente proceso de desgaste.
El caso peruano demuestra que América Latina vive nuevamente un movimiento pendular. La ciudadanía no está votando necesariamente por etiquetas ideológicas; está premiando o castigando resultados. Y cuando las expectativas de bienestar, seguridad y prosperidad no se materializan, los electores buscan alternativas, aun cuando ello implique regresar a proyectos que anteriormente habían sido cuestionados.
La elección peruana, definida por apenas 31 mil 905 votos, es una advertencia para toda la región. En las democracias contemporáneas las victorias son cada vez más estrechas, las sociedades están profundamente divididas y la permanencia en el poder depende menos de los discursos ideológicos y más de la capacidad real de gobernar y ofrecer respuestas eficaces a las demandas ciudadanas. América Latina parece entrar, una vez más, en una nueva etapa de redefinición política.
