IDENTIDAD POLÍTICA/JOSÉ ADÁN ALTÚZAR FIGUEROA/ULTIMÁTUM
Con hondo pesar recibimos la noticia del fallecimiento del licenciado Juan Carlos Cal y Mayor Franco, una persona excepcional a quien tuve el honor de conocer desde el año 1990. La cercanía con su familia me permitió también tratar a varios de sus integrantes, entre ellos al Licenciado Miguel Ángel Cal y Mayor Gutiérrez, tío de Juan Carlos, a quien guardo con especial afecto y profundo aprecio.
Desde entonces se fue construyendo una convivencia entrañable, particularmente durante las celebraciones anuales que don Miguel Ángel realizaba en su rancho, en el municipio de Jiquipilas. A aquellas reuniones acudían familiares y amigos cercanos, y tuve la distinción de ser invitado personalmente por él. En esos encuentros, al compartir el pan y la sal, tuve la oportunidad de dialogar y convivir con Juan Carlos. Así inició una relación que, con el paso de los años, habría de volverse más cercana y significativa.
Coincidencias en la vida pública
Años más tarde, nuestros caminos volvieron a cruzarse en el ámbito de la vida pública. Cuando Juan Carlos se desempeñó como Diputado local por el Partido Acción Nacional, yo fungía como Director de Comunicación de la Secretaría de Educación. En aquel periodo acompañaba al Secretario de Educación, al Congreso del Estado, para entregar la documentación correspondiente a la glosa del informe de gobierno.
En esas visitas resultaba indispensable dialogar con el Presidente del Congreso y con los Diputados vinculados a los temas de educación y cultura. En ese contexto, fue de gran relevancia contar con el voto aprobatorio de Juan Carlos Cal y Mayor. Su voto era razonado, exigente y responsable: señalaba con claridad aquello que no compartía, pero también reconocía el trabajo realizado en materia educativa y cultural.
Me refiero a los años de los gobiernos de Julio César Ruiz Ferro y Roberto Albores Guillén. Aunque en algún momento hubo desencuentros derivados del ámbitopolítico-electoral, más adelante volvimos a coincidir durante el gobierno de Juan Sabines Guerrero, cuando él se incorporó como Secretario de Turismo. Posteriormente, fue Director General del CONECULTAen la administración de Manuel Velasco Coello.
Además de su trayectoria en la vida pública, Juan Carlos ejerció siempre su labor como abogado en la notaría de su señor padre, de la cual más tarde seríatitular tras el fallecimiento de este.
Encuentros en los medios de comunicación
También fue a través de los medios de comunicación donde nuestros caminos volvieron a encontrarse. Ambos habíamos participado, cada uno, desde su propio espacio, en tareas vinculadas con el análisis político y los procesos electorales.
Recuerdo con especial consideración los encuentros que sostuvimos en este diario Ultimátum, donde realizamos diversas tareas en favor del análisis político y del seguimiento de los procesos electorales. Hoy evocamos con respetola participación de Juan Carlos en esos temas, siempre relevantes para la vida pública de Chiapas.
Por todo ello, elevamos nuestra plegaria al Gran Arquitecto del Universo para que lo reciba en su gloria, y para que a su familia la colme de bendiciones, fortaleza y consuelo ante esta dolorosa pérdida: la de un esposo, padre, un hermano y un integrante distinguido de una familia profundamente significativa para Chiapas.
Una conversación inolvidable
En una de las tantas visitas que Juan Carlos me hacía al llegar al diario Ultimátum, ingresó al espacio que el periódico me asigna para desarrollar mi tarea. Como era habitual en él, se acercó a saludarme con la amabilidad y el respeto que siempre lo distinguieron.
Entre otras cosas, me dijo: “Hermano mío, no te preocupes. La situación a veces está complicada. Déjame decirte que esto que tengo aquí”, señaló la parte del estómago, “nada más tiene que llegar aquí”, dijo señalando el corazón y la cabeza, “y hasta ahí se termina mi existencia”.
Fueron palabras difíciles de escuchar y aún más difíciles de comprender. Sin embargo, reflejaban la madurez de un hombre capaz de mirar la realidad de frente, con serenidad, entereza y absoluta claridad.
La fortaleza ante la pérdida
En otra ocasión acudimos, un grupo de amigos y compañeros de este diario, al velorio de su señora madre. Al acercarme para abrazarlo, me dijo: “Hermano mío, le doy gracias a Dios que haya pasado esto; que primero se haya ido mi madre, porque como hijo yo no quería darle el sufrimiento de perder a un hijo”.
Después de escucharlo hablar con esa hondura, no encontré palabras suficientes. Solo pude abrazarlo nuevamente y desearle pronta resignación.
Así era Juan Carlos Cal y Mayor Franco: un hombre de inteligencia notable, seguro de sí mismo, firme en sus decisiones y poseedor de una gran capacidad intelectual. Que Dios lo tenga en su gloria.
Por mi parte, me retiro, en la memoria, caminando del brazo de Juan Carlos Cal y Mayor Franco, mientras resuena en mi mente un fragmento del poema de nuestro Jaime Sabines:
“Te has muerto y me has matado un poco. Porque no estás, ya no estaremos nunca completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto a empobrecerlo más, y a hacer a solas tus gentes tristes y tu Dios contento”.
A estribor se encuentra al costado derecho de un barco. Así identificó también su ideología, reflejada en sus publicaciones cotidianas.
Ultimátum
Amigo y hermano Juan Carlos, así te recordaré siempre. Gracias por tu amistad y por la grandeza que dejaste a tu paso por la vida. En quienes fuimos tus amigos permanecerán tu gesto amable, tu sonrisa franca y los recuerdos de aquellos momentos de bohemia compartidos contigo y con Oswaldo Chacón, cuando entre canciones evocábamos al compositor y cantante Napoleón: “Nada te llevarás cuando te marches, cuando se acerque el día de tu final; vive feliz ahora mientras puedas, tal vez mañana no tengas tiempo para sentirte despertar”. Por el momento, es cuánto.
