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La tregua rota en Chenalhó

6 de julio de 2026
in Opiniones
La tregua rota en Chenalhó
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EN LA MIRA/HÉCTOR ESTRADA/ULTIMÁTUM

La endeble paz que mantenía en aparente calma a los municipios chiapanecos de Pantelhó y Chenalhó terminó por romperse este fin de semana, luego de que sicarios, presuntamente pertenecientes al grupo criminal «Los Herrera», emboscaran y asesinaran a uno de los líderes del grupo paramilitar «El Machete», cuya presencia mediática había permanecido en relativo silencio durante más de un año y medio.

Según diversas versiones, los hechos ocurrieron el pasado viernes 3 de julio, cuando Fernando Ruiz, alias «El Cura», acudió a la comunidad La Esperanza, municipio de Chenalhó, invitado por las autoridades locales como padrino de un torneo de basquetbol. Ahí fue emboscado y asesinado, dejando además herida a una menor de edad.

El hecho, que habría roto los acuerdos establecidos desde la transición sexenal, provocó que «El Machete» tomara nuevamente las armas y reapareciera en los medios de comunicación para lanzar un nuevo ultimátum de cinco días a las autoridades: detener a los responsables o enfrentar un nuevo estallido de violencia en esa región, considerada uno de los principales polvorines indígenas de la entidad. Y el asunto no puede tomarse a la ligera.

Como ha ocurrido en la mayoría de los municipios indígenas de Chiapas donde los grupos armados han irrumpido, el tránsito de Pantelhó y Chenalhó hacia el escenario de violencia que hoy enfrentan comenzó con el sobreempoderamiento de cacicazgos regionales, bajo el cobijo omiso —y muchas veces deliberado— de gobiernos estatales pasados, interesados en mantener alianzas de control político sobre diversas regiones de Chiapas, a costa de lo que fuera.

En ese conflicto, la figura de Austreberto Herrera Abarca tuvo un papel preponderante. En 2002, durante el gobierno de Pablo Salazar, fue nombrado juez municipal y, desde entonces, comenzó a forjar un poder desproporcionado sobre el municipio. Con la llegada de Juan Sabines Guerrero, los pactos políticos con el gobierno estatal se fortalecieron. Así, durante seis años más, Herrera Abarca permaneció como juez municipal, conservando buena parte del control político y social de la localidad.

Desde que fue encumbrado como el «mandamás» del municipio, Austreberto se encargó de imponer a buena parte de los gobiernos municipales bajo las siglas del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Se convirtió en el operador político predilecto de los gobiernos estatales, haciendo uso de la violencia y la intimidación para imponer condiciones.

Sin embargo, fue con el inicio del gobierno de Manuel Velasco Coello cuando ese poder terminó por desbordarse. La resistencia de grupos políticos antagonistas y la estrategia de los operadores del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) para armar a sus aliados dentro de los municipios indígenas y someter a sus adversarios se convirtieron en la mezcla explosiva que hizo de Pantelhó un verdadero polvorín.

El punto de quiebre llegó el 5 de julio de 2021, cuando Simón Pedro Pérez López, líder de la organización Las Abejas de Acteal, fue asesinado a plena luz del día, frente a su hijo, en el vecino municipio de Simojovel. Lo mataron apenas nueve días después de que sirviera como conducto para entregar a la Secretaría General de Gobierno una carta de auxilio firmada por habitantes de Pantelhó, en la que denunciaban el creciente acoso y las ejecuciones perpetradas por «Los Herrera», quienes ya operaban como una célula del crimen organizado.

Así fue como, el 10 de julio de ese mismo año, se anunció el surgimiento del grupo paramilitar de autodefensa «El Machete». La irrupción comenzó con la toma de la cabecera municipal, redadas casa por casa y la presunta desaparición forzada de 21 personas vinculadas con «Los Herrera». Desde entonces y durante el resto del sexenio de Rutilio Escandón Cadenas, la zona quedó atrapada en una espiral de violencia intermitente que nunca terminó por detenerse.

La endeble tregua llegó con el relevo en el gobierno estatal y un presunto pacto entre ambos frentes. La operación de interlocución política en la zona formó parte del plan de pacificación inmediata tras la salida de Rutilio Escandón y, entre avances y complicaciones, logró sostenerse durante poco más de un año y medio. Hasta el pasado viernes, cuando la sangre volvió a correr y el pacto terminó por romperse.

Por eso, lo ocurrido este fin de semana no es un asunto menor. Amenaza con reactivar un conflicto armado de profundas implicaciones, que ya puso en jaque la política interna durante el sexenio pasado y dejó numerosas víctimas que, en muchos casos, siguen sin poder regresar a sus hogares o permanecen desaparecidas desde el inicio de la irrupción paramilitar. Porque, resulta evidente, que en la zona no se ha resuelto el conflicto; simplemente se ha administrado el silencio. Y los silencios, tarde o temprano, también terminan por estallar… así las cosas.

Contacto: hectorestradaenlamira@gmail.com

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