Sr. Smith/Ultimátum
En política, los movimientos rara vez ocurren en el vacío. A veces un relevo es simplemente eso: un funcionario deja el cargo y otro asume la responsabilidad. Pero hay ocasiones en que los tiempos, los nombres y las circunstancias obligan a leer un poco más allá del comunicado oficial.
El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar anunció el relevo en el Instituto Chiapaneco de Educación para Jóvenes y Adultos (ICHEJA). Sergio David Molina Gómez dejó la titularidad y, según la explicación oficial, lo hizo para emprender nuevos proyectos. En su lugar llegó el maestro Adier Nolasco Marina, a quien el mandatario presentó como un distinguido cuadro de la Cuarta Transformación, un hombre de comprobada honorabilidad, capacidad y profundo amor por Chiapas.
Hasta ahí, todo parece normal.
El gobernador agradeció a Sergio David su entrega y le deseó éxito. Una despedida institucional, correcta, respetuosa y sin señalamientos públicos.
Pero después vino el segundo acto.
La secretaria Anticorrupción y Buen Gobierno, Ana Laura Romero Basurto; el secretario de Educación, Roger Adrián Mandujano Ayala, y el nuevo titular del ICHEJA, Adier Nolasco Marina, sostuvieron una reunión de trabajo para hablar de coordinación institucional, legalidad, transparencia, rendición de cuentas y uso eficiente de los recursos públicos.
La fotografía, por sí misma, no prueba nada.
Pero en política, las fotografías también comunican.
Y cuando la responsable de combatir la corrupción se reúne con el secretario de Educación y con el nuevo titular de la institución que opera una de las políticas públicas centrales del sexenio, resulta inevitable preguntarse si el relevo no forma parte de una revisión más profunda.
Porque el ICHEJA no es cualquier dependencia.
Es una pieza fundamental de Chiapas Puede, el programa que Eduardo Ramírez ha convertido en el emblema social de su gobierno. Una apuesta gigantesca para enfrentar el rezago educativo de la entidad y llevar alfabetización a quienes durante décadas han permanecido fuera de las aulas y del conocimiento.
El gobernador lo dijo este martes: la meta es llegar a 250 mil personas alfabetizadas al cierre de 2026. Más de 10 mil asesores trabajan en territorio y el programa pretende alcanzar comunidades indígenas, atender las 13 lenguas maternas reconocidas constitucionalmente y llegar también a las zonas urbanas.
No se trata de una política pública más.
Se trata de la bandera social de la Nueva ERA.
Por eso el relevo adquiere relevancia.
Desde hace meses se han publicado señalamientos sobre la operación interna del ICHEJA y presuntas irregularidades que, por su naturaleza, deben ser investigadas y acreditadas por las autoridades competentes. En febrero se denunciaron supuestas prácticas relacionadas con viáticos, comisiones y actividades que no habrían correspondido con los resultados reportados. Más recientemente se hicieron públicos otros señalamientos sobre presuntos descuentos y manejos internos.
Nada de eso puede darse por probado únicamente porque aparezca en una denuncia o en una publicación.
Pero tampoco puede ignorarse.
Precisamente porque Chiapas Puede merece una revisión rigurosa.
Eduardo Ramírez ha insistido en que no quiere simulación. Ha pedido que los funcionarios supervisen, que estén en territorio y que no se limiten a firmar informes. Ha advertido que quienes no trabajen tendrán que responder por ello.
Por eso, la llegada de Adier Nolasco Marina puede representar el inicio de una nueva etapa para el ICHEJA.
Una etapa de revisión.
De orden.
De disciplina.
De resultados.
La salida de Sergio David Molina, oficialmente atribuida a su decisión de emprender nuevos proyectos, debe ser respetada mientras no exista una resolución que determine lo contrario. No hay que confundir un relevo con una sentencia ni una sospecha con una responsabilidad acreditada.
Pero tampoco hay que ser ingenuos.
Chiapas Puede entra en una etapa de revisión.
El gobernador quiere resultados.
Y, sobre todo, parece dispuesto a que nadie le venda simulaciones.
Eduardo Ramírez quiere que Chiapas deje atrás la oscuridad del analfabetismo y camine hacia el conocimiento.
Para lograrlo, tendrá que asegurarse de que quienes recibieron la responsabilidad de encender esa luz no hayan terminado jugando con ella.
Y mientras el nuevo titular comienza su tarea, la pregunta queda en el aire:
Ay, Sergio David, ¿qué tanto habrás hecho?
