Ultimatum Chiapas
lunes, 27 julio, 2026
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
  • Periódico dígital
No Result
View All Result
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
  • Periódico dígital
No Result
View All Result
Ultimatum Chiapas
No Result
View All Result
  • Aviso de Privacidad
Home Opiniones

LAS LEALTADES DEL MUNDIAL

27 de julio de 2026
in Opiniones
LAS LEALTADES DEL MUNDIAL
Compartir en FacebookCompartir en Twitter

ESCUDO Y ESPADA/OSCAR SIEBER/ULTIMÁTUM

A menos de una semana de que el Mundial de Fútbol llegara a su fin, me dejó una serie larga de reflexiones propias de este tiempo de posmundial. Todas ellas nacieron desde las múltiples interpretaciones que fueron desarrollándose a lo largo de cada encuentro: rivalidades marcadas por razones políticas, derrotas, victorias y ese complejo sistema de cruces que, conforme avanzaba el torneo, iba trazando significados, filias y antagonismos en el destino de cada selección hasta llegar a la gran final.

Estaba claro que en este relato llamado Fifa WorldCup 2026, mis apuestas y mi lealtad estuvieron depositadas desde un principio en México y Alemania.

Por esa razón y antes que todo, quiero expresar mi agradecimiento a la Selección Mexicana por devolvernos la ilusión cuando más lo necesitábamos. Hacía muchos años que no veía jugar a la Selección con la entrega que mostró en esta edición. Disputó cada partido con garra, carácter y actitud, regalándonos grandes satisfacciones, renovando la esperanza y devolviéndonos el orgullo de sentirnos dignamente representados como mexicanos.

Su deslumbrante actuación sembró un nuevo pensamiento en el imaginario mexicano con la popular frase del “¿Y si sí?”. Y aunque no se logró llegar hasta la final, gracias a este tipo de eventos, se inmortalizó una idea de esperanza que terminó por instalarse en el imaginario colectivo y, con el tiempo, seguramente pasará a formar parte del habla cotidiana de los mexicanos.

En cuanto a la Selección Alemana, a pesar de que sigo un poco decepcionado por su bajo rendimiento de las últimas tres copas, puesto que no es la misma Alemania que solíamos conocer, no dejo de agradecerle las dos victorias que todavía me permitieron ilusionarme durante este Mundial. Aunque reconozco que su prestigio permanece intacto gracias a sus cuatro estrellas mundiales, la Mannschaft tiene hoy el desafío de recuperar la contundencia, la fortaleza y el carácter que históricamente la distinguieron.

Tengo nacionalidad alemana y, por esa razón, comparto un profundo sentimiento de patriotismo hacia ese país. Tuve la oportunidad de vivir allí y aprendí a quererlo desde la experiencia. Lo admito, no siempre resulta sencillo expresar ese afecto en una sociedad como en México donde admirar profundamente a otra nación suele confundirse con una falta de amor hacia la propia. Sin embargo, más allá de la nacionalidad heredada, reconozco que una parte importante de mi identidad también encuentra una profunda afinidad con los valores, la historia y la manera de comprender el mundo que representa Alemania.

No obstante, pese a que ninguna de las dos logró superar los octavos de final, como apasionado del fútbol y, sobre todo, del evento mundial que representó la FIFA World Cup 2026, continué disfrutando cada encuentro y apoyando a las selecciones que lograban avanzar.

Naturalmente, como es de esperarse entre los aficionados, uno busca alternativas y motivos personales para justificar sus simpatías hacia equipos que siguieron avanzando en la justa mundialista. En mi caso, al mirar hacia mi interior, descubrí que buena parte de mis simpatías se inclinaban hacia Europa. 

Portugal, gracias a la influencia de Cristiano Ronaldo; Noruega, por la admirable sencillez de Haaland; los Países Bajos y Suiza, por sus profundas raíces germánicas; Inglaterra, porque siempre ha sido un gigante del fútbol que, paradójicamente, sólo ha conquistado una Copa del Mundo; España, por los lazos familiares que me unen a ese país y por la grandiosa calidez de su gente; y Francia, por la enorme admiración que siento hacia su estandarte de libertad, su inmensa riqueza artística e histórica y por representar una de las mayores expresiones culturales de Occidente, además del liderazgo que, a mi juicio, encarna Emmanuel Macron.

En el caso de las selecciones que forman parte del continente americano, guardé una especial afinidad por Canadá y Colombia. En Canadá, porque tengo un vínculo afectivo con ese país: viví allí, conservo muy buenos amigos, y me ha regalado experiencias que me han marcado para toda la vida. En cuanto a Colombia, su delantero, Alex Díaz, quien porta el número 7, juega en mi equipo favorito de la Bundesliga, el Bayern München, donde ha dado excelentes resultados para el conjunto bávaro.

También se despertó en mí otro tipo de simpatía por selecciones completamente inesperadas. Ellas, sin poseer el prestigio de las grandes potencias futbolísticas, sorprendieron al mundo con su desempeño: Cabo Verde y Egipto. Ambas pusieron contra las cuerdas a la poderosa Argentina, recordándonos la eterna historia de David contra Goliat; la del más débil enfrentándose al más fuerte. Inspiraron a millones de aficionados con una hazaña histórica. Aunque el resultado final no les favoreció, ofrecieron un fútbol valiente y emocionante que terminó por robarles el corazón.

Finalmente, la reflexión más profunda que me dejó este Mundial recayó en Argentina. En los días posteriores a su eliminación observé innumerables videos y reacciones en redes sociales. Más que la derrota deportiva, me llamó la atención que muchos aficionados argentinos interpretaron como ofensa el apoyo que diversos mexicanos brindaron a España durante la final. Les resultaba inconcebible y doloroso que siendo una nación del mismo continente no recibieran el respaldo.

Creo que esa situación revela una verdad más profunda. Desde mi punto de vista, Argentina como país, es de claros y oscuros. Por un lado, admiro su ubicación geográfica caracterizada por paisajes australes y patagónicos, muy bien reflejados en los colores albicelestes de su bandera, su creatividad, su ingenio, y en la asombrosa belleza de sus mujeres. Pero su arrogancia predominante, además de incomprensible, resulta ensombrecedora.

No es una percepción nacida únicamente de este Mundial, como fue el gesto de darle la espalda a los españoles durante la premiación. También recordé, por ejemplo, la celebración de Emiliano «Dibu» Martínez, cuando se colocó la presea del guante dorado a la altura de los genitales, tras conquistar la Copa del Mundo en Catar 2022. Más que una simple irreverencia, para mí simbolizó una manera de entender la victoria donde el adversario no sólo debe ser vencido, sino también humillado.

Ahí es donde encontré la mayor enseñanza política de este Mundial. Porque terminó demostrando, que el fútbol nunca es solamente fútbol. Es una competencia entre imaginarios nacionales. En el que cada selección representa una manera distinta de comprender el mundo. Y en el que durante noventa minutos y durante todo el torneo, cada pueblo revela sin proponérselo, la forma en que entiende el poder, la competencia, la identidad y el respeto hacia los demás. Por eso elegimos otros equipos incluso cuando nuestro país ya fue eliminado.

Ultimatum Chiapas

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.

Navegación

  • Aviso de Privacidad

Redes Sociales

No Result
View All Result
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
  • Periódico dígital

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.