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Dos sismos de magnitud 7.4: la diferencia entre el temblor y la tragedia

12 de agosto de 2026
in Opiniones
Dos sismos de magnitud 7.4: la diferencia entre el temblor y la tragedia
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COLABORACIÓN INVITADA/ENRIQUETA BURELO/ULTIMÁTUM

En menos de un mes, dos terremotos de magnitud 7.4 han vuelto a recordarnos que vivimos en una región del continente donde la tierra está en permanente movimiento. El ocurrido el 17 de julio en Chiapas y el registrado este 10 de agosto en Colombia comparten una cifra que inevitablemente llama la atención: 7.4. Sin embargo, sus consecuencias han sido muy distintas.

La comparación permite entender una cuestión fundamental: la magnitud de un terremoto no determina por sí sola la dimensión de una tragedia.

La magnitud mide la energía liberada en el origen del sismo. Por ello, cuando hablamos de un terremoto de 7.4 en Chiapas y otro de 7.4 en Colombia, hablamos de eventos de una potencia sísmica comparable. Pero esto no significa que hayan sido experimentados de la misma manera por las poblaciones.

El terremoto de Chiapas del 17 de julio tuvo su epicentro en la región costera del estado y fue percibido en numerosas localidades, entre ellas Tuxtla Gutiérrez. Su intensidad generó alarma, evacuaciones y preocupación, pero sus consecuencias fueron considerablemente menores que las observadas en Colombia.

¿Por qué dos terremotos de la misma magnitud pueden producir escenarios tan diferentes?

La respuesta se encuentra en diversos factores: la ubicación y profundidad del epicentro, la distancia respecto de los centros urbanos, las características geológicas del terreno, la calidad de las construcciones, la densidad de población y, de manera muy importante, las políticas de prevención y protección civil.

Hay además una diferencia que debemos tener muy clara. Una cosa es la magnitud del terremoto y otra la intensidad con la que se siente en una ciudad determinada. El hecho de que el terremoto ocurrido en Chiapas haya tenido magnitud 7.4 no quiere decir que Tuxtla Gutiérrez haya recibido directamente un movimiento de esa magnitud. La energía se propaga desde el epicentro y sus efectos varían de un lugar a otro.

Esta distinción resulta especialmente importante ante las réplicas que se han registrado después del terremoto de julio. Cada nuevo movimiento genera preocupación entre la población chiapaneca y, particularmente, entre quienes habitamos Tuxtla. Es comprensible: después de experimentar un terremoto fuerte, cualquier movimiento posterior reactiva inmediatamente la sensación de vulnerabilidad.

Pero el miedo no puede sustituir a la información.

Chiapas se encuentra en una de las regiones de mayor actividad sísmica de México debido a la interacción de las placas tectónicas de Cocos, Norteamérica y Caribe. Los terremotos, por tanto, forman parte de nuestra realidad geográfica. No podemos impedir que ocurran, pero sí podemos reducir considerablemente sus consecuencias.

Y ahí está quizá la principal enseñanza que nos deja la comparación con Colombia.

Los terremotos son fenómenos naturales; los desastres, en cambio, están profundamente relacionados con la vulnerabilidad de las sociedades. Un edificio construido adecuadamente, revisado periódicamente y sujeto a normas antisísmicas ofrece condiciones muy distintas frente a un terremoto que una construcción deteriorada, modificada sin supervisión o levantada sin atender criterios técnicos.

Por eso, después del sismo del 17 de julio no debería bastarnos con contabilizar las réplicas o esperar a que la tierra deje de moverse.

En Tuxtla Gutiérrez sería pertinente fortalecer la revisión de edificios públicos, escuelas, hospitales, mercados, centros comerciales y construcciones antiguas; actualizar protocolos de evacuación; verificar rutas y puntos de reunión, y promover simulacros que no sean únicamente actos administrativos, sino verdaderos ejercicios de preparación ciudadana.

También debemos mirar nuestras propias casas. Identificar muros dañados, revisar instalaciones de gas y electricidad, asegurar muebles y objetos pesados y acordar un plan familiar de protección civil son acciones aparentemente sencillas que pueden hacer una enorme diferencia durante una emergencia.

Los sismos de Chiapas y Colombia tienen la misma magnitud: 7.4. Pero la historia que dejan detrás demuestra que una cifra no explica por sí misma un desastre.

La pregunta que debemos hacernos en Chiapas no es cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto, porque la ciencia todavía no puede predecir con exactitud el día y la hora de un sismo.

La pregunta verdaderamente útil es otra:

¿Qué tan preparados estamos para cuando vuelva a ocurrir?

Porque la tierra seguirá moviéndose. Lo que sí podemos cambiar es nuestra vulnerabilidad frente a ella.

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