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“Tiempo de bufones”

12 de agosto de 2026
in Opiniones
“Tiempo de bufones”
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BALANZA LEGAL/RODOLFO L. CHANONA

La temporada electoral comienza a sentirse en Chiapas y con ella, también inicia el desfile de personajes que antes de presentar propuestas, parecen estar más preocupados por construir una imagen capaz de conquistar las redes sociales.

Mototaxis, transporte público, pozol, tacos y empanadasen la calle, rutinas de ejercicio, bailes, abrazos, selfies y ahora hasta reforestación; pero siempre cuidadosamente documentados por una cámara. Todo parece válido cuando se trata de transmitir una idea, “soy como tú”. 

El problema es que gobernar no consiste en aparecerse con la gente durante unos minutos frente a una cámara, sino en responder por ella durante la gestión.

La política contemporánea ha descubierto que una fotografía es más rentable electoralmente que una propuesta, un video en redes sociales puede generar más simpatías que un plan de gobierno y una ocurrencia alcanza más ciudadanos que un informe lleno de cifras y datos. 

Lamentablemente, todo esto nos está llevando a que el ejercicio de la función pública se convierta más en unacompetencia para ver quién resulta más simpático, más espontáneo o más pueblo, generando con esto, que la política se convierta en un espectáculo.

Este fenómeno no tiene un solo color partidista. Sería ingenuo reducirlo a una corriente política específica. Se trata de una deformación mucho más amplia de la actividad pública, toda vez que, la clase política ha entendido que el populismo funciona para generar votos, porque conecta emocionalmente con un sector del electorado, aun cuando esa conexión no necesariamente se traduzca en un mejor gobierno o gestión.

La cercanía con la ciudadanía, desde luego no es negativa. Un funcionario público debe conocer las calles que gobierna, escuchar a la gente y entender sus necesidades. Pero existe una diferencia sustancial entre gobernar cerca de la sociedad y utilizar la cercanía como estrategia de mercadotecnia electoral.

La ciudadanía debería de cuestionarse, respecto a queno son cuántas fotografías tiene un aspirante abrazando personas, sino qué resultados puede acreditar. No debería importar demasiado si llegó enmototaxi, bici o automóvil, sino que problemas resolvió de movilidad, seguridad, servicios públicos, infraestructura, empleo o desarrollo económico que afectan diariamente a la población.

Porque un mototaxi no hace más austero a un político, así como comer un taco en la calle no lo convierte automáticamente en un servidor público cercano.

Sin embargo, no todo el problema radica en los políticos, toda vez que, si bien estos ofrecen el espectáculo, también se necesita de alguien que compre el boleto, y ese alguien es el electorado que se presta al juego de estos; por que cada vez que, la ciudadanía premia una ocurrencia por encima de una propuesta, una fotografía por encima de un resultado o una promesa por encima de la trayectoria, esta contribuyendo —aunque sea involuntariamente— a perpetuar esa forma de hacer política.

Y el problema se vuelve todavía más grave, cuando después de las elecciones, desaparece la cercanía que se presumía durante las campañas. El candidato que antes recibía a todos, abrazaba a todos y prometía escuchar a todos, termina convertido en un funcionario inaccesible, protegido por filtros, agendas saturadas, asistentes y barreras institucionales. La ciudadanía que fue indispensable para ganar la elección se transforma entonces en una incomodidad, cuando esta misma,regresa a cobrar la factura de las promesas.

Más cuando este mismo elector, se atreve a cuestionar, exigir o señalar. Porque entonces ocurre algo todavía de mayor preocupación, a ese ciudadano crítico, el político lo termina etiquetando como su enemigo. Siendo ahí donde la democracia termina por deteriorarse, porque una democracia real, no necesita ciudadanos que aplaudan al gobernante, sino al contrario se necesita de ciudadanos que sean capaces de cuestionarlo. 

Una organización, institución o estado, no requiere políticos que sean populares, sino servidores públicos que sean eficaces, honestos y responsables. La crítica no debería interpretarse como traición y la exigencia de resultados no debería considerarse una afrenta.

Chiapas y el país, el próximo año se enfrentará aún proceso electoral tanto local como federal, y con él, la oportunidad de decidir si seguirá premiando el espectáculo o comenzará a exigir profesionalismo.

La verdadera transformación de la política no llegará cuando un político se suba a un mototaxi para tomarse una fotografía o se tome un pozol en el mercado. Llegará cuando entienda que su obligación es rendir cuentas a quienes lo eligieron, incluso cuando las cámaras se apaguen, las redes sociales dejen de aplaudir y los reflectores desaparezcan.

Al final, los políticos también son un reflejo de la sociedad que los elige. Porque mientras el electorado premie el espectáculo, siempre habrá quien esté dispuesto a montarlo; así que, nos preparemos por que vienen tiempos de bufones.

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