TAROT POLÍTICO/AMET SAMAYOA ARCE/ULTIMÁTUM
Con la confirmación de que en Chiapas sigue desatada la fiebre por las alcaldías. Y no precisamente por la vocación de servicio público, sino por lo que representan políticamente, pero más también económicamente los ayuntamientos. Todos y todas andan acelerados y otros desesperados. Hay quienes ya se sienten candidatos, quienes hacen cuentas, quienes levantan estructuras y quienes, de plano, comienzan a lanzar zancadillas a sus adversarios. La obsesión por convertirse en presidente o presidenta municipal está desplazando cualquier otra aspiración. Las diputaciones locales y federales, por ahora, parecen quedar en segundo plano. Se les observa como una posibilidad, sí, pero también como una especie de premio de consolación para quienes no logren quedarse con la candidatura a la alcaldía. Y ahí está precisamente el dato que no debe pasar inadvertido. Si el mayor entusiasmo está puesto en gobernar un ayuntamiento y no necesariamente en representar a los ciudadanos desde un Congreso, queda claro que para muchos la política no es una vocación de servicio, sino una disputa por el poder y por el botín que representan los presupuestos municipales. Porque seamos objetivos en el sentido de que una presidencia municipal significa recursos, obra pública, contratos, posiciones administrativas, capacidad de decisión y, en muchos casos, una plataforma extraordinaria para construir proyectos políticos personales. Por eso, conforme se acerque la definición de Morena, veremos crecer la temperatura.
¿Y las diputaciones?
La metodología de las encuestas ya marcó una pauta y todo indica que los llamados coordinadores y coordinadoras de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación serán, en los hechos, quienes tengan la candidatura en la bolsa. ¿Puede cambiar la percepción? Desde luego. ¿Puede haber sorpresas? También. Pero quien logró colocarse en el ánimo ciudadano, alcanzar conocimiento y aceptación, parte con una ventaja que difícilmente podrán remontar quienes nunca lograron levantar. Así que no debe sorprendernos que continúe el activismo de aspirantes y suspirantes. Habrá recorridos, reuniones, fotografías, eventos, posicionamientos y toda clase de estrategias para aparecer en el radar ciudadano. Pero también -y aquí está lo delicado-continuarán las asechanzas. Porque cuando hay tanto en juego, algunos entienden la política como una competencia legítima y otros como una guerra sin reglas. De aquí a la definición de las candidaturas veremos de todo: amarres, rupturas, traiciones, alianzas inesperadas y seguramente más de un fuego amigo. La pregunta de fondo, sin embargo, seguirá siendo la misma, ¿quiénes quieren gobernar para servir a los ciudadanos y quiénes quieren gobernar para servirse del ayuntamiento? Porque una cosa es aspirar legítimamente a una alcaldía y otra muy distinta convertirla en un botín.
De Tarot y Adivinanza
¿Cuántos nombres de los aspirantes a ser alcaldes y alcaldesas terminarán en la lista de los partiditos satélites y en la oposición?… Servidos.