COLABORACIÓN INVITADA/SR. SMITH/ULTIMÁTUM
La Secretaría de Movilidad y Transporte del Estado de Chiapas emitió este 19 de octubre un comunicado contundente: el servicio de transporte mediante plataformas digitales —Uber, DiDi, Pronto, inDrive— no está autorizado en la entidad. Para operar legalmente, dice la dependencia, es indispensable contar con concesión o permiso. Y punto. Logos tachados con rojo, tono de advertencia, la ley por delante.
Hasta ahí, el comunicado es jurídicamente correcto. La ley es la ley, y si las plataformas operan sin cumplirla, la autoridad está en su derecho de señalarlo. Nadie discute eso.
Lo que sí vale la pena discutir es lo que el comunicado no dice. Porque prohibir es lo más fácil del mundo. Lo difícil, lo que de verdad le serviría a los chiapanecos, es otra cosa: modernizar.
Y aquí va la pregunta incómoda para la Secretaría de Movilidad: muy bien, no quieren plataformas. ¿Y qué ofrecen a cambio? ¿Cuál es la propuesta concreta para mejorar el transporte público en Chiapas? ¿Dónde está el plan de modernización que justifique cerrarle la puerta a las aplicaciones que millones usan precisamente porque el servicio tradicional les quedó debiendo?
Porque seamos honestos sobre por qué la gente migró a las plataformas. No fue capricho. Fue porque ofrecen lo que el taxi tradicional en Chiapas con frecuencia no da: tarifa clara y conocida de antemano, sin regateos ni abusos; identificación del conductor y la unidad; geolocalización del viaje que una mujer puede compartir con su familia; pago con tarjeta; calificación del servicio; y la seguridad de saber quién te lleva. Eso no es lujo. Es lo mínimo que un usuario merece en 2026.
Si la Secretaría quiere defender a los taxis concesionados, el camino no es prohibir la competencia. Es exigirle al gremio que se ponga a la altura.
¿Qué podría ofrecer el taxi tradicional, con apoyo de la Secretaría, para competir de verdad? La lista es conocida y ninguna autoridad seria la ignora: una aplicación estatal o gremial de taxi seguro, con geolocalización y tarifa transparente. Taxímetros obligatorios y funcionando, para acabar con el abuso del “¿a dónde va? le cuesta tanto”. Registro verificable de cada conductor, con control de confianza. Botón de pánico y viaje rastreable, sobre todo pensando en la seguridad de las mujeres. Pago electrónico. Unidades en buen estado. Un sistema de quejas que sirva.
Eso es modernización. Eso sí defendería al taxista honesto y, al mismo tiempo, le daría al usuario lo que busca. Porque el taxi tiene ventajas reales que podría capitalizar: conocimiento profundo de la ciudad, arraigo, sitios establecidos, disponibilidad inmediata en zonas donde las apps a veces no llegan. Pero esas ventajas se desperdician cuando el servicio se queda anclado en prácticas del siglo pasado.
El problema de fondo es que el comunicado protege un modelo, no al usuario. Y ahí está el error. La política de movilidad no debería preguntarse “¿cómo defiendo a los concesionados?”, sino “¿cómo le doy al chiapaneco el mejor transporte posible?”. Si la respuesta a esa segunda pregunta exige modernizar el taxi, regular las plataformas en lugar de prohibirlas, o integrar ambos esquemas con reglas justas para todos, pues eso es lo que un buen gobierno haría.
Prohibir sin ofrecer alternativa solo logra dos cosas: empujar el servicio a la clandestinidad —porque la gente seguirá pidiendo Uber, nada más que con miedo— y dejar al usuario atrapado entre un servicio tradicional que no se moderniza y uno digital que se persigue.
La Secretaría de Movilidad refrenda en su comunicado el compromiso con “la movilidad segura en favor de las personas usuarias”. Perfecto. Entonces que lo demuestre no con logos tachados, sino con una propuesta real de modernización del transporte público. Que presente su plan. Que diga cómo va a hacer que el taxi chiapaneco sea seguro, transparente y digno de la confianza que hoy la gente deposita en una app.
Porque los usuarios no quieren marcas. Quieren llegar seguros, pagar lo justo y saber quién los lleva. Quien les garantice eso —taxi o plataforma— se ganará la calle.
Y eso, señores de Movilidad, no se logra prohibiendo. Se logra modernizando.
